El pedicure de Mme du Barry

La du Barry, lloró, pataleó, rogó y finalmente fue llevada arrastrando a la guillotina que atajó sus aullidos. Una cortesana que alcanzó la cima por el único camino a sus piernas, disfrutó extasiada del efímero placer del pedicure que le practicaba Zamor, su esclavo, y para emanciparse de tan pedestre explotación la denunció al Comité de Salud Pública, y la Virtud Republicana la arrojó a la inmortalidad.

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