EKO CENSURADO EN YOUTUBE


Este video experimental lo realizó Iris Atma con algunos de mis dibujos, en su mayoría ya han sido expuestos y censurados en otros medios. A las 12 horas de subirlo a Youtube el video tuvo más de 250 visitas y 3 calificaciones de 4 estrellas. Y ya está censurado como pueden ver. En una carta que publicaron en Milenio el dia 19 comentaron que "nadie está obligado a ver desnudos o mujeres penetradas por caballos alados", pues si en YouTube es voluntario ver las imágenes, entonces no tendrían porque ser censuradas. Son dibujos, es un trabajo artístico, es evidente que para los censonres de YouTube no existe diferencia entre la promiscuidad y el Arte.

EkO S.E.X.

Video de Iris Atma.



http://www.youtube.com/watch?v=8-N45yDn9IY .



http://www.youtube.com/irisatma .


Texto y música, Iris Atma, dibujos míos.

CARTA AL DIRECTOR:


Carta publicada hoy:
Señor director:
Antes que nada quiero decir que soy admirador del ilustrador y caricaturista Héctor de la Garza (Eko) desde que sus trabajos llenaban de atractivo y sensualidad las páginas de Unomasuno, Nexos, El Nacional y otros medios, hace ya más de 20 años.
Leí las aburridas defensas “político-culturalmente correctas” de José de la Colina, Rogelio Villarreal y del propio Eko a lo que el maravilloso artista califica, rasgándose las vestiduras, como censura del Café 22 a su exposición Después de la orgía; es decir, que algunas de sus obras fueron trasladadas del salón comedor al bar del local.
Paradójicamente, al acusar censura, tanto Eko como sus defensores olvidan una cosa: la libertad. Ellos alegarán que la libertad del artista es la que ha sido lastimada, pero desdeñan el derecho de los otros a elegir libremente ver o no ver lo que les plazca a la hora de comer en un lugar público.
Observar y admirar las manifestaciones y expresiones artísticas de contenido sexual explícito, tiene un componente y requisito fundamental: querer verlas. La imagen de un caballo alado penetrando a una mujer, por ejemplo, no tiene por qué ser impuesta a nadie, sea en un restaurante, en una plaza o en la página 47 de la edición de MILENIO del jueves 15 de octubre para ilustrar la impecable nota de Juan Alberto Vázquez sobre el tema. Pretender hacerlo es simplemente autoritario, actitud que se oculta frecuentemente bajo el disfraz de lo políticamente correcto.

Rolando Nava Enríquez


Carta de Ambriz

Denisse en la Asamblea Nacional, 1792



"En donde las familias conservadoras suelen tener una imagen de La última cena, en nuestra casa hay un cuadro con 6 imágenes de cuando Denisse se prepara para cenar y no por última vez. Eko, es maravilloso ese dibujo que nos diste. Yo alguna vez estuve a punto de tomar una Denisse de sábado, pero no me atreví, no pude. (Y luego me enteré que varios tenían una)."

La obscenidad de la censura


Éste es el Manifiesto contra la Censura que escribí ex profeso para Milenio Semanal

La censura exhibe más que lo que oculta—Eko



El día 23 de septiembre en el Café22 de la Colonia Condesa inauguré mi exposición Después de la Orgia, con dibujos y grabados de contenido erótico explícito. 48 horas después los comensales se quejaron de los dibujos expuestos; los consideraban demasiado perturbadores para ser observados mientras comían. En una contradictoria reacción separaron el apetito sexual del apetito gastronómico y, confundidos por sus oralidades, algunos hasta se salieron del lugar sin ordenar nada. Rápidamente los del local descolgaron los Carbon-Prints y los llevaron a un salón más oscuro. Otros ya no fueron expuestos. Mis dibujos relatan una verdad profunda, se inspiran en esa escena inicial de la que todos venimos y si exponer esta verdad fundamental escandaliza es porque nos avergonzamos de nuestro origen. Estamos acostumbrados a ver escenas de asesinatos brutales, de cuerpos destazados y a sus criminales autores celebrados como héroes por una cínicamente llamada “narcocultura”. Escribir sobre el narco es motivo de premio literario, la narración detallada de asesinatos y la apología de los delincuentes es el tema más recurrente de la nueva literatura. Los centros culturales del país, los museos y galerías, exponen la “narcocultura” como la vanguardia intelectual; los cantantes de narcocorridos son invitados especiales de la Feria del Libro y el morbo escatológico nos representa en la Bienal de Venecia.
Esto significa que en México hemos cambiado el sexo por la obscenidad del narcotráfico. Significa que sentimos más placer por la sangre derramada en masacres con brutalidad y demencia que por el placer erótico, que por la veneración de nuestro sexo y la recreación de nuestras fantasías. Preferimos ser seres bestiales y sanguinarios que sexuales. Estamos cómodos en esta situación porque es muy cómodo refugiarse en los hábitos del poder y huir de la profundidad de conocernos a nosotros mismos. Es cómodo para las instituciones, para las galerías, para el público y para la mediocridad que abunda en nuestra sociedad, que es el signo de nuestros tiempos.
Porque despreciar la sexualidad es cobardía.
Alguien me dijo “no los quitaron, sólo ocultaron unos y retiraron otros”. ¿Qué esperaban? ¿Qué los quemaran como a los libros de texto que están quemando por abordar el tema de la sexualidad?

Estamos viviendo otra vez los tiempos de la quema de ideas, de dibujos, de libros y finalmente de personas. Estamos regresando al más profundo oscurantismo y a la más abyecta barbarie, y es esa ignorancia la que alimenta sociedades obtusas que terminan por destruirse a sí mismas.
Cada vez que se censura una idea, una obra, estamos dando un paso atrás en nuestro proceso de civilización, nos estamos acercando con peligrosa velocidad a ser una sociedad más salvaje, despiadada e irracional. Estoy consciente de que mi obra no es para complacer, mi obra es para cuestionar y escandalizar —corro ese riesgo cada vez que expongo—, pero ese riesgo mide de forma implacable el nivel de los prejuicios. Y hoy podemos veren dónde están.
Cada dibujo mío ha sido lanzado contra el corazón pervertido de la sociedad y es verdad que ella me regresa los golpes con creces, pero eso no me detiene de seguir dibujando, de seguir exhibiendo el placer de mis obsesiones. Si el arte no es para impactarse en la memoria de quien lo mira, entonces no sé para qué es. Si no es para demostrar lo más desconocido de mí y del observador, no sé para qué es. Mi obra se empeña en escandalizar a mi época, tanto como otros se empeñan en halagarla. Otros ponen su arte al servicio de esta época asexual, sin compromiso ni con la forma ni con la belleza. Yo he puesto todo mi Arte en denunciar la mediocridad, el puritanismo y el oscurantismo de mi época. El arrogante triunfo de la censura es que he vivido proscrito de los espacios culturales, que mi obra erótica es sólo para quienes la recuerdan y la atesoran como un fetiche. No existen foros para exponer las aventuras sexuales de cuerpos que no se sienten culpables de explotar el placer y demostrar su gozo. Los espacios hoy son para la banalidad desechable.
La censura exhibe más que lo que oculta.

¿Qué es la censura?

Réplica de Eko
por un texto publicado en El Ángel Exterminador...

En relación con el reportaje que publicaron ayer en su diario sobre la censura a la que fui sometido y que titularon El Ekogate, quiero puntualizar: en los medios escritos, ¿cómo podemos medir el grado de censura? Si mutilan un texto, ¿es poca o mucha censura? ¿Si les cortan dos o tres líneas, o lo parten por la mitad o de plano no lo publican? En las artes plásticas se llama censura al hecho de retirar una obra de su sitio para alejarla de la vista del público. Eso fue lo que le sucedió a mi obra. Yo realicé un site-specific con carbón prints de mis dibujos originales para el salón comedor del Café22 y los retiraron por las protestas de los comensales. El Café22 es un sitio plural, esto significa que ellos como galeristas también son víctimas de la censura. En un increíble alarde de desconocimiento del significado de la censura, su reportero me cuestiona que si no estoy exagerando, yo les hago la misma pregunta a los que protestaron: ¿no están exagerando?
Son sólo unos dibujos, son inofensivos, no van a ir más allá de lo que sus mentes permitan. Si para su reportero es una exageración que un artista defienda su obra, para mí es una exageración que los comensales se salgan del lugar para no ver los dibujos y que el pánico se apodere de la situación y retiren las obras.
Realicé estas obras para un centro cultural que monta espectáculos con temática sexual, es algo completamente absurdo que en este contexto la gente proteste al verlas. El ocultamiento es censura, retirar una obra es censura, en este acto represivo no existen parcialidades, no se censura mucho o poco. Es sorprendente que en personas que trabajan en los diarios, que saben de primera mano que la libre expresión es un derecho por el que se debe luchar día a día minimicen y cuestionen un acto de represión. Las mismas personas que protestaron por mis dibujos protestan contra la libertad en la prensa y contra lugares plurales como el Café22. Protestar por la censura es exagerado mientras que censurar es un acto aceptado. El reportero no cuestiona que las personas se retiraran del salón, lo que cuestiona es que yo proteste y lo haga saber. Ahora comprendo por qué la autocensura funciona con tanta eficiencia.
Respuesta del reportero....

Las obras de Eko en el sitio mentado no han sido “retiradas de la vista del público”. Pese a las evidencias, el artista no se baja de su argumento: “Es censura porque yo lo digo”. Ante eso, creo que no hay nada por agregar.
Eko



El Ekogate

En esta nota, El Ángel Exterminador, me pasó a cuchillo.
Publicado en Milenio Diario el 15 de oct 09


El 23 de septiembre pasado, el teatro-bar Café 22 montó en sus paredes la exposición Después de la orgía, del artista plástico Eko. Quejas de comensales molestos motivaron a la gerencia a reordenar la exposición dejando sin ilustraciones/porno el salón-comedor, aunque respetando la obra y las fechas de exposición, pese a lo cual al autor se declaró censurado
Si hay un lugar plural en la colonia Condesa es el Café 22”, alega el jefe de relaciones públicas Víctor Hugo Sánchez. Y es que en el lugar se presentan obras de teatro con temática gay y se da apoyo a un variopinto catálogo de artistas visuales. El mismo dibujante Eko matiza que su queja no va en contra del lugar, “que no tiene por qué encabezar mis luchas”, sino que su frustración va dirigida sobre otro enemigo: “Lo que me revienta los huevos es la intolerancia de la gente, si los comensales no se quejan, el bar deja mi obra en su lugar”, dice molesto. “Evidentemente el dibujante está generando un ambiente de víctima para hacerse publicidad”, remata el publirrelacionista Víctor Hugo.
Pese a que la gerencia del lugar avisó a Eko de la decisión de cambiar del comedor los trabajos en donde se mostraban penes y coños, el ilustrador ya tenía bien calculada su reacción e incluso le había puesto nombre: “Censura”. Enseguida, y desde diversos medios, llegaron los apoyos. En la revista electrónica La Mosca en la Red, un redactor anónimo, bajo el título “Cafés lattés contra arte gráfico”, sentenció que “el neoconservadurismo hizo de las suyas y las buenas conciencias condechis saltaron a la palestra para demostrar su mojigatería, su corrección sociopolítica, su reaccionarismo y su franca vocación por la censura”. Un par de días después, el maestro José de la Colina dedicó su columna semanal en este diario para solidarizarse con Eko, de paso rendirle un homenaje y arremeter contra el café: “… y resultó que los clientes habituales, sintiéndose víctimas de ultraje perpetrado por la hermosa Denisse de Eko, exigieron que los perturbadores dibujos fueran inmediatamente descolgados de las inocentes paredes del local…”. El gran Rogelio Villarreal hizo lo propio y en su columna “Otra Parte” arremetió: “A Eko se le ha acusado de pornográfico —a lo que nuestro artista responde con una sonrisa que podría parecer perversa— e, increíblemente, se le sigue censurando en nuestros días, como aconteció con su muestra Después de la orgía en un espacio de la mojigata colonia Condesa de la Ciudad de México”.
Jaime Morales, propietario del lugar, acepta que siempre entendió el talante provocador del autor y que se equivocaron al no prever las reacciones de la gente. Pero que al tomar la decisión basados en criterios de negocios, nunca morales, concluyeron que “vaginas y penes descomunales se acompañaban mejor con un martini que con un pallar a la pimienta verde, por lo que optamos por cambiar los grabados, los más inquietantes, al salón 2, que es propiamente el bar, ahí sí, las vergas y las vaginas están más a gusto. Pero nunca desmontamos la obra”.
El artista alega que los carbon-prints los diseñó y realizó ex profeso para el cuarto blanco, e insiste que los movimientos del lugar obedecen a un acto de censura y se autolacera: “Esto es lo que vivo desde hace 20 años, en la industria editorial ya no existo porque no quieren publicar desnudos. Soy un autor incómodo, estoy consciente de eso y es mi riesgo no complacer, sino escandalizar”.
—Pero, ¿censura, Eko? ¿No estás exagerando? —le cuestiono en amable charla.
—Pues entonces, ¿cómo quieres llamarla? ¿Censura light? —sedefiende.
—Es que le hubieras entrado por el otro lado —agrego.
—¿Me estás albureando?
—No, mira. El día que la gente conservadora pueda convivir con tus cuadros y no se queje, ese día te deberías de preocupar. A final de cuentas, y luego de todo este tiempo, sigues provocando a esas almas puras. Yo en tu lugar estaría feliz.
Un silencio que consideré como una aceptación puso fin a la plática. La exposición Después de la orgía seguirá colgada de las paredes del Café 22 hasta el 15 de noviembre con 20 obras de Eko cuyos precios que van de mil a tres mil pesos.




“El arte es una forma de eyaculación”

Eurynome. Diosa griega



Como habíamos apuntado en una nota publicada días atrás en La Mosca en la Red, una exposición con trabajos de Eko (cómo definirlo: ¿dibujante, ilustrador, pintor, grabador, artista plástico, todo eso y más?), en el Café 22 de la colonia Condesa, fue censurada (“sólo parcialmente” según los dueños del lugar) y el hecho ha causado una importante polémica. Las imágenes de Eko tienen una fuerte carga erótica –o pornográfica, si se quiere– y asustaron a algunos asiduos al lugar –lo cual es perfectamente legítimo–, pero la forma como se manejó el asunto no fue la idónea. En fin, mejor dejemos que sea el propio artista quien explique las cosas desde su muy propio punto de vista. ¿Qué fue lo que pasó en el Café 22?
-Ocurre que me invitaron a exponer en ese lugar, un foro grande de la colonia Condesa. Colgué ahí unos dibujos que estaba haciendo, totalmente inéditos, muy pornográficos, porque en esta ocasión integré muchísimos penes, bestialismo y escenas muy explícitas, pero con el estilo de siempre. Fue gran cantidad de gente a la exposición, muchísimos amigos, se vendió muy bien, pero tres días después recibí un mensaje de mi anfitrión y me decía: “Oye, maestro, tuvimos que descolgar los dibujos porque los parroquianos, los habitués de la Condesa, se quejaron, se escandalizaron y tampoco se trata de estar sufriendo”. Yo entiendo que no es un espacio específicamente galerístico, pero se supone que ahí la gente está acostumbrada a las exposiciones y todo eso. Por eso pensé que por la locación, porque era la Condesa y porque los de ese rumbo se las dan de muy avant garde, no iba a tener problemas. Sin embargo, reaccionaron muy conservadoramente, se mostraron muy incómodos y obligaron a que se descolgaran los cuadros. ¿Qué piensas como autor de la obra?
-Yo siempre he utilizado a mi trabajo como un termómetro para saber cómo está la sociedad en general, pero también la sociedad informada, la sociedad culta. A lo largo de los años, un par de décadas de una vida pública de erotismo, he notado que está aumentando muchísimo la intolerancia. Hoy día, convivimos con las masacres del narco, con una vulgaridad horrible en cuanto al manejo de los temas por parte de los medios de comunicación. El arte, en este momento, es muy banal, ascéptico, asexual, sin tema, sin figura, un arte muy decorativo y que a nadie molesta. Unos botes de basura pueden ser arte -conceptual lo llaman-, es lo que está ahorita de moda, y luego, como espejo, en otras artes, como la música, hemos descendido a que lo que más se escuche en el país sean cosas como La Banda del Recodo. Aunque igual me vas a decir: “Oye, pero El Recodo, como el mambo, también es cultura”... No, no te voy a decir eso...
-¡Ja ja! Eso que contestaste, anótalo por favor... Yo creo que esa música es muy elemental y seguramente causa daño neuronal. No quiero comparar, como todos los veteranos, y decir que todo tiempo pasado fue mejor…, ¡pero sí fue mejor! Es decir, en otra época, si eras muy muy fresa, escuchabas a Aerosmith. Ahorita están escuchando al Recodo. ¿Te acuerdas lo que oía la banda en esa época? A Led Zeppelin, a AC/DC… Pero ahora, la banda escucha a La Banda… del Recodo. Es un asunto muy primitivo, muy desagradable. Por eso no me sorprende que cada vez tenga yo menos espacios de expresión pública. Estoy muy acotado y la censura cada vez es más grande. Antes, se suponía que la censura estaba en manos de órganos censores, en manos del gobierno, que grupos del gobierno presionaban a los periódicos o a las revistas, como en el caso de mis publicaciones eróticas. Sin embargo, ahora es un fenómeno de autocensura. Ya no son funcionarios los que prohiben, son simples espectadores. Se quejan de que se ofenden con mi trabajo, cuando antes las reacciones eran diversas. A pesar de todo, estoy contento y de alguna manera me refresca haber vivido esta censura, pero no deja de sorprenderme y preocuparme, porque México es el país en donde vivo y no hay espacios para mostrar lo que es mi verdadera obra. Nos estamos hundiendo en la barbarie y el analfabetismo. Piensas entonces que la sociedad se ha vuelto tan mojigata que la censura ya es autocensura.
-Básicamente. Tenemos al gobierno que nos merecemos y la sociedad se ha vuelto más inculta y más prejuiciosa. No quiero achacar todo a las nuevas generaciones, pero mis propios amigos que antes eran más progres y tenían preocupaciones existenciales más intensas, ahorita están en la banalidad. Tal vez sea porque antes tenían hambre y ahora ya tienen una Hummer, pero de todas maneras nos encontramos en una desviación hacia la incultura, la intolerancia, hacia una especie de malinchismo chafa. Antes había una vocación más internacionalista… Pero bueno, no sé, así es como me ha ido en la feria, me ha ido mal. Incluso la llamada izquierda se ha vuelto más intolerante que quienes supuestamente deberían serlo; como algunos sectores panistas, por ejemplo.
-Sí, todos son unos fresas. De hecho, ya me resigné a que no haya editores como Huberto Bátiz y Fernando Benítez, quienes publicaban lo que fuera, contra viento y marea. Gente como ellos, como Juan García Ponce o Roberto Vallarino. Había una especie de idea fatalista de que si no hacíamos las cosas en ese momento, no las íbamos a hacer nunca. Eran tipos que se tomaban la libertad de publicar cosas brutales en todos lados y entre esas cosas brutales estaba mi trabajo. Fueron diez años de empeñarse en esa lucha. Hoy, en cambio, estamos metidos en un concurso de popularidad. Parece que queremos ser el número uno en la encuesta. Tu trabajo como divulgador o como artista ya no es realizar cosas que valgan la pena, sino caerle bien a la gente. Hoy todos quieren ser simpáticos. ¿Ya no quieren provocar?
-Antes muchos lo hacían y -sí, es cierto- así les fue. Todos ellos están muertos, jodidos, locos o, lo peor, olvidados, pero en su momento hacían las cosas con ese fatalismo de “vamos a hacerlas y ya”. Tal vez ése sea mi problema: que eso fue lo que me educó. Yo hago las cosas y ya. Sigo haciendo el trabajo pornográfico, erótico, de siempre, nada más que está ahí, embotellado en mi estudio, empapelado, tapado en una botella. No importa, lo voy a seguir haciendo. ¿Lo estás publicando en algún medio?
-Sí, claro que sí. Publico en La Crónica y de repente he publicado en Laberinto con José Luis Martínez, gran editor y amigo, una vez o dos con Rogelio Villareal. Mis amigos editores de toda la vida de repente sacan trabajo mío, pero siempre con un “bueno, sí, pero no traigas a Denisse”. Está bien, no los acuso. Son los tiempos, son editores, son mis amigos, no son héroes, no somos héroes. Yo sé que meto en pedos a la gente cuando acepta mi trabajo y tal vez no sea lo correcto. Eres políticamente incorrecto, lo cual me parece lo más saludable del mundo, porque no hay nada más hipócrita que la corrección política.
-La transgresión ya no existe, como dice Avelina Lésper. Yo creo que todo se jodió cuando la gente de marketing tomó el poder en México. Todos se volvieron licenciados en marketing y la cultura se fue a la mierda. ¿Qué pasó finalmente con la exposición?
-Tengo que ir por los dibujos, es todo, y tan amigos como siempre; no lo tomo personal. Es más: ni con la gente que se quejó, porque sé que México está así... y el mundo no es muy diferente. En los noventa, por ejemplo, en el New York Times eran mucho más tolerantes que ahora. En la primera entrevista que tuve con los directores de arte de ese periódico, llevé el trabajo de Denisse y me dijeron: “Esto es diabólico, estás enfermo, pero, ¿sabes qué?, nos gusta tu chamba” y fue una experiencia editorial de diez años con esos cuates que eran unos animales, porque me pedían un trabajo a las once de la mañana y a las tres de la tarde tenía que entregarlo. Generalmente, me iba a la cafetería del periódico a hacer el dibujo. Soltaba todo mi estética de sadismo y de crueldad física y mental. Al tema que fuera, le aplicaba mi técnica Denisse y el dibujo invariablemente se publicaba. Luego me comentaban cosas como “oye, Eko, no pienses que te estoy acusando de maricón, pero esa mano está agarrando un martillo y parece una verga y parece que lo está acariciando, ¿no puedes abrirle dos o tres dedos a la mano para que no parezca que está masturbándose?” o “mira, están un ruso y un americano y al ruso le hiciste la verga más grande que al americano, ¿no puedes por lo menos igualarlas?”. Eventualmente, esos tipos se retiraron y entró una nueva generación de chavos muy fresas, hijos de diseñadores o de ilustradores muy famosos. Se dio entonces un cambio de actitud y todo se volvió mucho más conservador. Como que pegó muy fuerte lo conceptual. Se me fue marginando poco a poco y lo mismo ocurrió en Madrid, con El País, y en Francia, con el Nouvel Observateur. Los únicos medios que han conservado su integridad son los alemanes. Con esa historia que tienen, son muy sensibles ante la violencia, pero resultan terriblemente abiertos a nivel estético ante la sodomía: todos los dibujos de penetración por el culo, explícitos o implícitos, tienen un pegue y una aceptación impresionante en Alemania. Llevo veinte años de trabajar con ellos y siempre sale todo muy bien. ¿Cómo fue que te dio por este tipo de dibujo, pornográfico, erótico?
-Fue una obsesión infantil. Cuando descubrí mis genitales, a los once años, había muchas emociones que sólo podía sacar masturbándome. Había presencias que tenía que sacar de mí y expresarlas de alguna manera. Me imagino que el arte es otro tipo de eyaculación. Yo reproducía los dibujos de los comics de esa época, muñequitos como el pato Donald, la familia Burrón o fortachones como el Capitán América y Supermán, pero me salían como dibujos de pared del baño (bueno, me siguen saliendo así). Entonces descubrí a Alberto Durero. Empecé a copiarlo y las imágenes que tenía en la cabeza se empezaron a articular con ese instrumento. Fueron cuatro años de copiar totalmente las imágenes de Durero. En el ínter, empecé a publicar a los doce años… y ya tenía problemas de censura. ¿En dónde publicabas a esa edad?
-En La Cultura en México que dirigía Fernando Benitez y después dirigió Carlos Monsiváis. Estaba yo entregado a mis aforismos, un poco políticos, y luego me clavé en la poesía, lo que me permitió aprender a leer ese género literario. Hacía una especie de exlibris de diferentes poetas. Leía sus textos y les hacía una ilustración que, según yo, era ad hoc y de repente, en esa cosa inocua e inocente que es la poesía, se me empezaron a colar imágenes muy extrañas. Una vez, creo que con el súper cursi de e. e. Cummings, dibujé a una mujer con las piernas abiertas y en lugar de coño tenía las teclas de una máquina de escribir. Me dije: “Qué extraña cosa”. En una presentación en el Colegio de México, me encontré a Huberto Batis, le enseñé el dibujo y me dijo: “Veme a buscar a sábado –el suplemento cultural del diario unomásuno que dirigía– para ver qué podemos hacer, niño cabrón”. Entonces empecé a dibujar una obsesión que se cristalizó: era la mezcla de lo bello con lo horrible, un arquetipo, la belleza con el monstruo. Prendió como una mecha y fue muy divertido, porque había muchísimos que se quejaban de eso. Guillermo Schavelzon decía: “Saquen a ese cabrón”. Cristina Pacheco gritaba: “No publiquen esa mierda”. El propio Fernando Benitez se quejaba: “Esto es una porquería”. Pero Batis, muy heróico, y el director del periódico, Manuel Becerra Acosta, aguantaban. Después todos aquellos se fueron a La Jornada y Batis se quedó como amo y señor de sábado. Entonces pude empezar a articular algunas ideas muy peculiares, como unas bellísimas marquesas del siglo dieciocho que cogían con iguanas o esa nínfula que es y siempre ha sido Denisse. ¿El nombre de Denisse de dónde salió?
-Es el femenino de Dionisio (dios griego, llamado Baco por los romanos y relacionado con el vino y los placeres, de ahí la palabra bacanal. Nota de la Redacción). En cuanto a la aliteración de la doble ese en el nombre de Denisse, se debe a que es el ruido de una serpiente, porque la serpiente significa sabiduría y Denisse es profundamente sabia. Se trata de un personaje que me rebasa, que me habita y que yo siento que canalizo, porque no sale a voluntad. Denisse a veces viene y a veces no, pero siempre está presente, nunca me ha dejado desde que apareció por primera vez. ¿En qué año fue eso?
-En 1985. Tiene veinticuatro años y ahí está, ahí sigue. Ha tenido muy mala difusión. De repente aparece en internet, de repente sale en estas ediciones que hago y que rolan por diversas partes, pero la gran presencia de Denisse está en la memoria de los lectores originales, porque no hay en donde verla. De hecho, mi colección de Denisse es mínima. Tengo la tercera parte de los originales. El resto está desaparecido, robado. Me pedían dibujos suyos para una exposición y nunca me los regresaban. El proyecto que tengo, como un compromiso con esa presencia mágica que es Denisse -a quien le debo mi obra, mi trabajo-, es traducirla a placas de cobre. La estoy haciendo en grabado, para que por lo menos existan muchas copias de cada uno de los dibujos. Es el compromiso que tengo para el resto de mis días creadores. Quiero rehacer a Denisse y todo su mundo en cobre. En mí ya perduró. La hago con mucho cariño y mucho estupor, porque la invoco y regresa. Cuando aparece, sus imágenes poseen muchísima fuerza, son independientes y tienen una vida propia. Es algo mágico. Yo no me explico ese fenómeno, no sé qué es o en qué consiste.

Semblanza

La sangre en sus dedos se vuelve negra y salpica cada dibujo de EKO como un mal sueño del que no queremos despertar. Goya, el inspirador de lo negro en el negro mundo de EKO, dice que el sueño de la razón produce monstruos. Los monstruos de EKO no son sueños, somos nosotros mismos. Nos reconocemos en cada trazo de EKO y lejos de condenarnos, encontramos en la perfección de su línea la compasión que nos es negada por el resto del mundo, esa perfección es la piedad que el Arte tiene para nosotros.

EKO es un trashumante, en su carrera ha publicado en las páginas de los periódicos de New York, París, Frankfurt, San Francisco California, Miami, La Habana y por supuesto la Ciudad de México, ha impregnado con sus dibujos pornográficos hasta los espacios más puros y entonces el escándalo estalla.

En EKO la Pornografía no es Violencia, es forma, es lenguaje, como Octavio Paz precisó, debe haber algo más que rasguños y mordidas en la obra de EKO. Bartolí y Vlady sus maestros, también intuyeron esa promesa y lo trataron de domar con intensas dosis de Durero y Rembrandt, convirtiendo al pervertido en un virtuoso. Sade tiene a Justine, EKO tiene a Denisse que se publicó durante dos años en el suplemento Sábado y nosotros tenemos esas imágenes dentro para decirnos que lo terrible es hermoso.
La línea de EKO desciende y profundiza, investiga donde la razón no quiere entrar, en la pasión que nos provoca ver un cuerpo que goza sin remordimientos.

Eko y Denisse

Portada del Libro de Denisse. Minimalia

Coincidíamos en la redacción de sábado, cuando visitábamos al gran Huberto Batis. Eko y yo éramos privilegiados pues sus dibujos y mis textos aparecían en las páginas de ese suplemento dirigido con maliciosa sabiduría por aquel excelso pornócrata y editor que alojó sin miramientos a turbas de poetas, periodistas, narradores y otros desamparados.
Yo era —lo sigo siendo— un ferviente admirador de Denisse, una hermosa mujer de selvática cabellera y siempre desnuda —más que desnuda— con la que Eko extasiaba a una lúbrica generación de lecto-escritores. Las tiras fueron recogidas venturosamente en El libro de Denisse, con prólogo de José Luis Cuevas y una inquietante selección de textos de Andrés de Luna (Grijalbo, 1990), ambos erotómanos de gran calado.
“Aprendí que dibujar excita a las mujeres”, confesaría Eko más tarde. “No me ven a mí, ven mis dibujos. Piensan que si soy capaz de dibujar esto, soy capaz de otras cosas”. La inaprehensible Denisse mostraba cada sábado las formas más extremas y terribles del erotismo. Voluptuosa y sádica, pero también frágil e incluso sumisa, era la representación perfecta de los delirios más lúcidos del Divino Marqués. “La voluptuosidad y el erotismo son materia del arte”, dice Héctor de la Garza, el nombre de Eko cuando deja las plumillas y la tinta a un lado. “La vida del artista también es materia del arte, sus obsesiones alimentan su obra, la disciplina y el rigor las definen”. Es cierto, en las aventuras en las que Eko obligó a participar a Denisse —y en las que el pícaro dibujante se solazaba—, el dibujo es perfecto, armonioso, como si hubiera sido trazado de una sola vez con una única línea que se prolonga portentosamente para dar aliento a personajes y escenas de lascivia impensable por su refinamiento y su crueldad inaudita. Varias veces, recuerdo, volví la vista una y otra vez al horizonte y después al papel para asegurarme de que la insólita imagen era real y que Denisse, poseída por bestias y demonios, llorando y rabiando de dolor y gozo, efectivamente era sujeto de indecibles torturas y placeres prohibidos.
A Eko se le ha acusado de pornográfico —a lo que nuestro artista responde con una sonrisa que podría parecer perversa— e, increíblemente, se le sigue censurando en nuestros días, como aconteció con su muestra Después de la orgía en un espacio de la mojigata colonia Condesa de la Ciudad de México. Escribe Eko: “Los dibujos que colgué en salón principal del Café 22 fueron descolgados. Los asiduos se escandalizaron de las imágenes explícitas de penes y coños que colgaban de las paredes. Hoy que podemos ver cotidianamente asesinatos y decapitados por miles, que escuchamos cómo la impunidad es la forma de relacionarse con la ley, ver el cuerpo humano y nuestra sexualidad es repudiado como un delito. Hasta que no seamos capaces de mirarnos no seremos capaces de enfrentar nuestros problemas. Estoy consciente de que mi obra, más que nada, exhibe los prejuicios y las limitaciones de la sociedad, y corro ese riesgo cada vez que expongo. Mi trabajo seguirá adelante, la censura no es una fuerza capaz de detenerme”.
Sus maestros, los míticos Josep Bartolí y Vlady, adivinaban ya esa perversión temprana y trataron de sublimarla predicando con las obras de Durero y Rembrandt, logrando con ello tan sólo convertir al púber artista en un virtuoso que parió a uno de los seres más bellos y entrañables de la gráfica contemporánea.

LA DENISSE DE EKO

La Denisse de las Ramblas, Barcelona.

Los Inmortales del Momento


por José de la Colina

“Yo rara vez pienso, pero cuando pienso sólo en eso pienso”. Esto es lo que inolvidablemente respondió alguien inolvidable que he olvidado (¿sería Bernard Shaw o sería Groucho Marx?) cuando un entrevistador le pidió su opinión acerca del Sexo, pues ya se sabe que hay ingenuos o malévolos periodistas que son capaces de hacer preguntas tan globales, tan generales, tan cósmicas —acerca de la Vida, o de la Muerte, o del Universo, o de Dios, o del Amor o del Odio, etcétera—, que el entrevistado no sabe si buscar desesperadamente en su caótica memoria alguna plagiable frase célebre o si invitar al entrevistador a irse mucho a entrevistar vampiros en Transilvania.
Pero... ¿qué habría respondido Eko? Quiero decir el extraordinario dibujante erótico Eko (nacido Héctor Estanislao de la Garza Batorski), a quien conozco de los años setenta en que coincidíamos en el primer Unomásuno y él allí publicaba una extraordinaria historieta muda, esto es: sin globitos de texto, pero con un poderoso personaje: la hermosa y siempre de pies a cabeza desnuda Denisse, invariablemente entregada por el afilado plumín del artista a una amplia y siempre renovada gama de fantasías sexuales, de juegos eróticos que sin duda habrán pasado al imaginario lujurioso de una infinidad de lectores así como, lo confieso sin rubor, pasaron al mío.
“Denisse —ha declarado el obsesivo y minucioso dibujante— apareció a mis doce años, cuando todavía dibujaba ‘muñequitos’. Me llegó un amor maldito en unas vacaciones y sencillamente mi dibujo se transformó. Comencé entonces a buscar cosas más explícitas, como las de la revista Playboy, por ejemplo, y luego descubrí los grabados de Durero, y tanto me fascinó su minucioso y denso tejido de líneas que obsesivamente copié sus grabados durante diez años. Dibujaba unas caderas cada vez más anchas, dibujaba unos grandes culos casi increíbles y unos pechos de erectísimos pezones y, encima de ellos, unos animales monstruosos y lujuriosos, de penes gigantes que se alzaban en homenaje a mi Denisse”.
Y creo que Eko, padre y a la vez amante de su Denisse, actualmente parafrasearía aquella frase citada en el incipit de este texto:
“Yo sólo dibujo. Dibujo hasta hallándome dormido y sobre todo soñando. Y sólo dibujo eso.”
Pero... que Eko me disculpe, esto último no sería del todo verdad, pues Eko es también eco del soñador ego de Eko, es decir que además opina y hasta teoriza sobre su trabajo (si esos fantaseos gráficos son “trabajo” y no juego delicioso y alevoso). Y recuerdo que hace acaso un par de años, en la apertura de una exposición suya en la galería Misraki, Eko confesó que sus obras tratan de captar, ¡oh!, “un instante previo al coito”, y añadió: “Busco penetrar con imágenes al espectador pasivo, como si arrebatara un instante de vida a todo aquel que observa mis dibujos de Denisse”.
Eko, entonces, es un asaltante y un ladrón y en definitiva un violador de nuestro subconsciente o nuestro Id (o como usted prefiera decirlo). Por eso ha motivado incontables veces la muy comprensible aunque no sé si justificada protesta de aquellos que, desprevenidos, han observado sus obras y por tanto han sido asaltados, robados y violados por el creador de Denisse. Así le ha pasado lo que le pasó recientemente, cuando abrió una exposición de sus dibujos eróticos (siempre son eróticos) en un café de un barrio culto de esta ciudad y resultó que los clientes habituales, sintiéndose víctimas de ultraje perpetrado por la hermosa Denisse de Eko, exigieron que los perturbadores dibujos fueran inmediatamente descolgados de las inocentes paredes del local. (Menos mal que en cambio no pidieron que colgaran a Eko.)
De modo que Eko es un artista violento y con sus dibujos nos hace ver que si la violencia es la partera de la Historia (como alguien famoso dixit), también es madre soltera de la obra artística. Pero...
He aquí que uno de mis dibujos preferidos de Eko, el que justifica y engalana estas líneas y al que considero emblemático de toda su obra, es una muy serena, nada violenta pero incitante imagen (coloreada en el original) en la que una bella muchacha desnuda, de esbelto cuerpo, de perfecto culo, de elegantes pies sigilosos y de rostro desconocido (pues la vemos dándonos la espalda), camina sobre un ajedrezado piso adentrándose grácilmente en la propicia oscuridad de una habitación vacía... pero no deshabitada pues allí la esperan mis/tus deseos, oh deseante e hipócrita lector, mi semejante, mi hermano. Y uno, fascinado, esperanzado y acechante desde esa oscuridad que puede ser el umbral de los Sueños, sólo susurra:
—¿Quién? ¿Quién viene?... ¿Eres tú, Denisse?
Y ella no responde desde el silencio del dibujo, pero yo sé que es la inolvidable, la soñable, la inmarcesible Denisse de Eko, bendita sea.


Cafés lattés contra arte gráfico


El legendario Hugo García Michel, en su webzine La Mosca en la Red retomó el caso de la Censura de mi exposición Después de la Orgía. Ante la censura estamos obligados a asumir una posición. O estamos en contra, o somos cómplices, o como el caso del Café 22 -que incluyo la respuesta de JaimeMorales- víctima propiciatoria. También incluyo mi respuesta a la respuesta de Jaime.
Cafés lattés contra arte gráfico
Cuando todos suponíamos que la defeña colonia Condesa era un reducto de liberalidad, tolerancia, apertura y buenaondez clasemediera, resulta que el neoconservadurismo hizo de las suyas y las buenas conciencias condechis saltaron a la palestra para demostrar su mojigatería, su corrección sociopolitica, su reaccionarismo y su franca vocación por la censura.
Todo se debió a una exposición del artista gráfico Eko, de amplia y conocida trayectoria nacional e internacional y quien nunca ha ocultado su vocación por el erotismo abierto y, sí, la estética pornográfica (de él es ese entrañable y sensual personaje femenino llamado Denisse). La muestra había sido instalada en el Café 22 de la Condesa y más tardó en ser colocada que desmontada, debido a las protestas de los asiduos al lugar, quienes no pudieron soportar la vista de dibujos de penes y vaginas, mientras saboreaban sus croissants con jamón y queso, sus ensaladas, sus pasteles de tres chocolates y sus cafés lattés.
Al respecto, Eko comentó en un comunicado que “Hoy que podemos ver cotidianamente asesinatos y decapitados por miles, que escuchamos cómo la impunidad es la forma de relacionarse con la ley, ver el cuerpo humano y nuestra sexualidad es repudiado como un delito. Hasta que no seamos capaces de mirarnos, no seremos capaces de enfrentar nuestros problemas. Estoy consciente de que mi obra, más que nada, exhibe los prejuicios y las limitaciones de la sociedad y corro ese riesgo cada vez que expongo. Mi trabajo seguirá adelante, la censura no es una fuerza capaz de detenerme”.
Desde este sitio manifestamos nuestra solidaridad con el artista censurado. La semana próxima publicaremos una amplia entrevista que hicimos con el mismo y presentaremos las imágenes que fueron vetadas. Aquí tienen una, por lo pronto, como muestra.
La Respuesta de Jaime Morales:
¿Como?: hablamos de tolerancia, siendo intolerantes: voy por partes:Nunca se ha ejercido la Censura en café22 a la Obra del estimadísimo y admirado Eko, así con lo superlativo de los adjetivos. Eso pensamos de él y su obra.HECHOS: Cambiamos los Grabados del salón 1, que es el salón comedor, ya que algunos de nuestros clientes, sugirieron que eran imágenes inquietantes y provocadoras, estuvimos de acuerdo que ese era el propósito del Autor: pero que efectivamente Vagina y penes descomunales, SE acompañaban mejor con un Martini que con un Pallar a la Pimienta Verde, no vendemos cuernitos con jamón, digo por aquello del investigador, y el punto lo dio una familia que venia con sus hijos preadolescentes, que prefirieron retirarse, por lo que OPTAMOS, cambiar los grabados, los mas inquietanteS; al salón 2 que es propiamente el Bar, ahi sí, las vergas y las vaginas están; más agusto;, NUNCA LA HEMOS DESMONTADO, y los que estaban en el salón 2 pasaron al salón 1, mis estimados investigadores: es decir, TODA LA EXPOSICIÓN, CON EXCEPCION DE TRES QUE SE VENDIERON, SIGUEN EN EL CAFÉ22; mejor investiguen la trayectoria de los espectáculos que se presentan; SIN CENSURA, EN CAFÉ22. Lamento que se haga un reportaje sin hablar con las dos partes, sin conocer el lugar, y sobre todo con la ligereza irresponsable y subjetividad con la que fue tratada la NOTA. tener una lugar, de esparcimiento, de cultura o de venta de cuernitos con jamón, es una aventura muy poco apoyada en esta ciudad, tardamos años en consolidar un nombre, y un REPORTERO hace una investigación desde el escritorio y pretende juzgar lo que no Conoce. NO, NO SE VALE! APOYEN LA CULTURA, PERO SOBRE TODO, HAGAN SU TRABAJO CON PROFESIONALISMO. Por último: EKO sabe del cambio de una sala a otra, y les pregunto, si se SINTIERA censurado, ¿NO HUBIERA RETIRADO ÉL MISMO TODA LA OBRA COMO PROTESTA? DIGO PARA QUE INVESTIGUEN.
GRACIASJaime MoralesDirector de Café22
Mi respuesta:
Querido Jaime, con respecto a tu carta de la Mosca en la Red http://www.lamosca.com.mx/ ¿Cómo voy a protestar retirando mi obra de tus paredes? Eso es precisamente lo que quieren los que se oponen a la existencia de mi obra. Resistir es mi respuesta. La curaduría es un site specific, los Carbon-prints los diseñé y realicé ex-profeso para el cuarto blanco. Esa fue mi propuesta. Te viste obligado, etcétera, es tu decisión y la respeto. Sería injusto pedirte que luches mis batallas, pero acabas de vivir en carne propia lo que yo vivo desde hace 20 años. Evidentemente es censura, pero si cada vez que me sucede saco mi obra o me retiro de los periódicos, simplemente no podría seguir trabajando. Soy un autor incómodo, estoy consiente de eso y es mi riesgo no complacer, sino escandalizar.


Una antigüedad

Federico Campbell, Martínez Rentería, Eko, Jessy, Pacho y Jorge Reyes en el Alicia, 2004 o 2005
Grabado en cobre a la punta seca, dedicado a Francisco Hernández. Edición especial para la revista de poesía Alforja, editada por mis amigos José Vicente Anaya y José Ángel Leyva.

Guardianes de la moral


El Santo Oficio
José Luis Martínez S.
El cartujo vuelve al monasterio con la música de Habib Koité & Bamada, donde se encuentran y funden los sonidos de nuevos y ancestrales instrumentos, donde la tradición es el punto de partida de una propuesta original y vanguardista.
En la Plaza Mayor de Chihuahua, en una noche incomparable, solo con sus pensamientos, el monje peregrino descubrió a los artistas africanos y se dejó llevar por su ritmo, por sus canciones. Por la envidia. Como tantas otras veces, deseó ser negro. Negro como ellos, tener su gracia, su talento. Y esos rizos perennes, sobre todo… ¡GRACIAS A DIOS!, exclama el trapense al conocer la decisión de los empresarios del Café 22 de la colonia Condesa de suspender la exposición Después de la orgía, del siempre polémico Eko. Antes de salir de la ciudad, el fraile visitó de incógnito esa muestra sicalíptica y la maldijo. Imposible describir la incomodidad ante tantos dibujos de cuerpos desnudos, de hombres y mujeres entregados al pecado mortal de la lujuria. Con esas imágenes confirmó las palabras de san Agustín sobre la perversa independencia de los órganos sexuales, actúan como quieren y cuando quieren. Por eso comprende a quienes pidieron su retiro, ninguno de esos guardianes de la moral —como dice Coetzee— está exento de la indocilidad de la carne. “Un censor que dicta una prohibición —afirma el Nobel sudafricano—, sea contra un espectáculo obsceno o contra una imitación burlona, es como un hombre que trata de impedir que el pene se le ponga erecto. El espectáculo es ridículo, tan ridículo que no tarda en ser víctima no sólo de su miembro rebelde, sino también de los dedos que lo señalan, de las voces que ríen”. El amanuense imagina la fellinesca escena en el Café 22 con pudorosos señores avergonzados de la insurrección de sus miembros, de señoras de pronto anhelantes por los dibujos de Después de la orgía. Sodoma y Gomorra en la Condesa. Y todo por culpa de Eko, un artista fogueado en la lucha contra la gazmoñería, quien en vez de claudicar, como le aconseja la pía sociedad, se engalla y asevera: “Hoy que podemos ver cotidianamente asesinatos y decapitados por miles, que escuchamos cómo la impunidad es la forma de relacionarse con la ley, ver el cuerpo humano y nuestra sexualidad, es considerado un delito”… LA SANTA SEDE recibe una misiva de Ricardo Pacheco Colín, quien fue despedido de la Subdirección de Prensa del Instituto Nacional de Bellas Artes por órdenes de Paloma Ruiz, directora de Difusión y Relaciones Públicas del organismo. El hecho no tendría mayor trascendencia si el periodista no acusara a la funcionaria de haber creado con sus actitudes un “infierno” a su alrededor. “Autoritarismo, gritos, humillaciones, mentadas, amenazas, burletas, son las constantes en el INBA bajo el dominio de Paloma Ruiz”, escribe Ricardo. El cofrade lee la carta con las vísceras revueltas y una pregunta rondándole la cabeza: ¿Habrá alguna respuesta oficial a estas acusaciones?… QUERIDOS CINCO LECTORES, con la belleza de Chloe Kalin, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.
joseluis.martinez@milenio.com

Médée (en grec ancien Μήδεια / Mếdeia, en latin Medea)

Medea es la desnudez de las pasiones y la brutalidad de los sentimientos primarios. Medea traiciona a su pueblo y mata a su propio hermano en un acto de entrega sin límites al extranjero rey Jasón que, a cambio, le promete llevarla junto a él y le jura por todos los dioses del Olimpo eterna fidelidad. Sin embargo, tras diez años de próspero reinado en éfira, Jasón la abandona por Glauce, hija del rey Creonte y la condena al exilio. Desde su destierro, la amante repudiada, en son de paz, envía a Glauce una túnica como regalo de boda. Al cubrirse con la túnica empapada de veneno, la novia muere. Medea consuma su venganza con el asesinato de sus propios hijos e impide así al monarca prolongar su estirpe. Después, abandona Corinto en compañía de las mujeres colquidenses con las que vagará eternamente. El mito muestra la existencia como una sucesión de desengaños que culminan con un acto de venganza que impide reinventar la vida, como se pone de manifiesto con la aniquilación de la descendencia.

Screen shots de Frank Lynen




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