BRINGING FRANKENSTEIN BACK TO LIFE, 200 YEARS LATER






ILLUSTRATIONS FROM RESTLESS BOOKS' REISSUE OF THE GOTHIC CLASSIC: Literary Hub





ARTIST STATEMENT BY EKO




Mary Shelley wrote Frankenstein as the scientist M. Cloquet explained in 1816 his Treatise on Descriptive Anatomy, “with scalpel in hand.” I’m drawing the construction of the human being with a pen as sharp as a scalpel, dismembering it in order to create a new body. The Greek artifex challenges the gods once more, and the imagination creates something out of nothing: a humanoid and its story. In this series of ink drawings I use as a base the pages of a French anatomy book from the period during which Mary Shelley wrote her novel; the paper is an artistic setting, historic and aesthetic, and the information and the forms of the letters are Dr. Victor Frankenstein’s laboratory. With my drawings I continue Dr. Frankenstein’s line of thinking and ask the same questions he asks: Is it right for science to create human beings? Is that “creature,” that “monster” the consequence of human arrogance? Is being familiar with anatomy enough to know what it means to be human? Francisco de Goya writes on one of his etchings, “The sleep of reason produces monsters.” This monster is formed with human parts and comes to life with the force of electric energy—but still isn’t human. It’s the product of dreaming, of a delirious mentality. He doesn’t even exist; he is the fear that we have of our own work. My drawings, like the mind of Dr. Frankenstein, start with the delusion of reason. (Traducción de Jackson Saul)




















































EKO, MANIFIESTO ARTÍSTICO


Mary Shelley escribió Frankenstein como el
científico M. Cloquet  desarrolló en 1816
su Tratado de Anatomía Descriptiva,
“con el escalpelo en la mano”. Estoy dibujando la construcción de un ser humano
con una pluma tan filosa como un escalpelo, desmembrándolo para lograr crear un
cuerpo nuevo. El artifex griego vuelve
a retar a los dioses, la imaginación crea algo a partir de la nada: un
humanoide y su historia. En esta serie de dibujos a tinta uso como soporte las
páginas de un tratado francés de anatomía de la época en la que Mary Shelley
escribió su novela, el papel es un escenario artístico, histórico y estético, la
información y las formas de las letras son el laboratorio del doctor Victor Frankenstein.
Con mis dibujos sigo el pensamiento del doctor Frankenstein  y hago las mismas preguntas que él se hizo ¿Es
válido que la ciencia haga seres humanos? ¿Esa “criatura” ese “monstruo” es la
consecuencia de la arrogancia humana? ¿Es suficiente conocer la anatomía del
cuerpo para saber qué es un ser humano? Francisco de Goya escribe en uno de sus
grabados “El sueño de la razón produce monstruos”. El monstruo está formado con
partes humanas, adquiere vida con la fuerza de la energía eléctrica y sin
embargo no es humano. Es producto del sueño, del delirio de una mente, no
existe, él es el miedo que tenemos a nuestras propias obras. Mis dibujos, como
la mente del doctor Frankenstein entran en el delirio de la razón.     







Ex Libris Memorias de Adriano


El amor de Adriano y Alejandro, es ejemplar. Pero este dibujo no tiene drama, es un insulto a la pasión.








Hay que hacer espacio. Igual que en un closet, tienes que deshacerte de lo que no sirve para evolucionar y dejar el pasado, que ya no existe desaparezca.



Sin lazos a lo que viviste en el pasado tira lo que no funciona. Y pégale un papel encima y que deje de existir.



Sólo así puedo redibujar encima de mi primer mediocre intento.



Y dibujar el drama que quiero, que necesito.



Porque no puede ser que la entrega tenga vida más allá de mi dibujo. Por eso el hacha, la amenaza de la tinta debe ser de vida o muerte.

La primera versión, publicada por José Luis Martínez en Laberinto.

Revisiones Antonio Canova


Así era, con los rostros mal resueltos, la solución absurda, tan molesto me resultó el dibujo que no pude terminar. Pensé ¿para que termino un error, perpertuándolo?


















El Rapto de las sabinas


Ponemos un cuidado obsesivo en multiplicar el montón de
carne que somos, para estar en todas partes. Precisamente
como somos intercambiables porque seguimos pasivamente la voz de la manada humana,
la dictadura ideológica del Consumo nos dio el gadget para acceder a la
meta-existencia, antes sólo reservada al talento y a la inteligencia. El selfie.
Pero para trascender el telón de carne, sólo los creadores gozan del privilegio
de la inmortalidad. Y la palabra es la inmortalidad. Por eso resuena en las
concavidades de mi cráneo el humanismo, y el Rapto de las Sabinas acaba de
ocurrir. Por eso lo tuve que dibujar. Paso a paso.



 La verdad no sé quién está raptando a quién. Qué importa...















Remedio contra el abandono






El súcubo y el íncubo penetrándola. Por la espalda y por el ano.




Tapemos la cara pero salvemos el peinado. La copa de sangre, ese lugar común, frase hecha, se va a la mierda. El íncubo chupando la médula espinal. 




El enano también se va; basta de cursilería orínica.




Aparecen los amantes, él tragándose los pies, el fetichismo absoluto.




No funciona. Los amantes deben ser igualitarios. Más allá que compartir la obsesión.







La única manera para que los amantes no nos abandonen, es cortándoles los pies. Comiéndolos, masticando los ligamentos metartasianos, las falanges. Perdiendo los pasos que nos juntaron, para que no haya camino de salida.





Publicado en Laberinto gracias a la tolerante paciencia de José Luis Martínez S.

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