El pedicure de Mme du Barry

La du Barry, lloró, pataleó, rogó y finalmente fue llevada arrastrando a la guillotina que atajó sus aullidos. Una cortesana que alcanzó la cima por el único camino a sus piernas, disfrutó extasiada del efímero placer del pedicure que le practicaba Zamor, su esclavo, y para emanciparse de tan pedestre explotación la denunció al Comité de Salud Pública, y la Virtud Republicana la arrojó a la inmortalidad.

EKO Ex Libris Tosca

Acabo de ver la ópera Wozzeck montada por William Kentridge: La libertad absoluta dentro del rígido marco del montaje de una ópetra; ...